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demanden, queda posesionada como Defensora del Pueblo por el período de 5 años.
Senador Secretario, por favor de lectura a la Resolución de Congreso donde se elige a los 4 Consejeros de la Judicatura.
H. SECRETARIO, GONZALO MOLINA.-
«EL HONORABLE CONGRESO NACIONAL
RESUELVE:
En observancia a lo previsto en el Art. 68º Numeral 12 y Art. 122º Atribución 3ª de la Constitución Política del Estado y a lo dispuesto por el Art. 6º y 7º de la Ley 1817 del 22 de diciembre de 1997, elegir Consejeros de la Judicatura a los siguientes ciudadanos: Dra. Teresa Ribero de Cusikanqui, Dr. Guido Chávez Méndez, Dra. Martha Ruth Villazón Delgadillo y Dr. Luis Carlos Paravicini Jordán».
Es dada en la Sala de Sesiones del H. Congreso Nacional.
H. PRESIDENTE NATO DEL CONGRESO.- Voy a pedir nuevamente al Diputado Secretario, se sirva invitar a hacerse presentes en este recinto a los cuatro Consejeros de la Judicatura, para que se les tome posesión.
Doctores: Teresa Ribero de Cusicanqui, Guido Chávez Méndez, Martha Villazón Delgadillo y Luis Carlos Paravicini, pido a ustedes hacer la señal de la cruz; ¿Juran ustedes por Dios, la Patria y estos Santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir lo dispuesto por la Constitución Política del Estado y las leyes vigentes y desempeñar fielmente el mandato de Consejeros de la Judicatura?
Doctores: Teresa Ribero de Cusicanqui, Guido Chávez Méndez, Martha Villazón Delgadillo y Luis Carlos Paravicini.- Sí juramos.
H. PRESIDENTE NATO DEL CONGRESO.- Si así lo hicieren, Dios, la Patria y el Pueblo boliviano les premien y sino se lo demanden, quedan posesionados como Consejeros de la Judicatura por el Período de 10 años.
Pido a todos los presentes ponernos de pie para entonar las sagradas notas del Himno Nacional.
H. PRESIDENTE NATO DEL CONGRESO.- Excelentísimo señor Presidente Constitucional de la República Dn. Hugo Banzer Suárez.- Excelentísimos señores ex Presidentes de la República.- Excelentísimo señor Presidente de la Corte Suprema de Justicia.- Señor Presidente de la Cámara de Senadores.- Señor Presidente de la Cámara de Diputados.- Señores ex Vicepresidentes de la República.- Señor Fiscal General de la Nación.- Señores Jefes de Partidos Políticos.- Señor Nuncio Apostólico.- H. Cuerpo Diplomático acreditado en Bolivia.- Señores Ministros de Estado.- Representantes de Organismos Internacionales.- Miembros del Alto Mando Militar.- Señor Comandante General de la Policía Boliviana.- Señor Presidente y Vocales de la Corte Nacional Electoral.- Representantes de la Iglesia Católica de Bolivia.- Representantes de la Central Obrera Boliviana.- Señor Presidente y Vocales de la Corte Superior de Distrito.- Autoridades Departamentales y Municipales.- Señores Directores de Medios de Comunicación y Prensa y por primera vez señora Defensora del Pueblo y Consejeros de la Judicatura.- Señores y señoras:
Hoy, 31 de marzo de 1998, se siente la inconfundible sensación de que para la justicia boliviana y los derechos ciudadanos se avizora el amanecer de un nuevo, y, ojalá, muy largo día.
Nos acercamos así a hacer realidad el sueño del Libertador, que es el sueño de todos los bolivianos: una democracia que pueda asegurar igualdad para todos en la aplicación de nuestros derechos, particularmente ante la administración pública, y los estrados judiciales.
Se vislumbra el amanecer de un nuevo día pleno de esperanzas, por la designación de la Defensora del Pueblo y los cuatro Consejeros de la Judicatura. Con este amanecer, se está dejando atrás una larga noche de abusos y de partidización de la justicia boliviana. Una larga noche para la mayoría de los bolivianos, cuyo mayor problema o delito es ser pobre y carentes de influencia política. Una larga noche que duró demasiado para muchos, en beneficio ilegítimo de los pocos.
Esa larga noche, empieza a terminar con el cumplimiento de algo que usted, señor Presidente, ofreció con toda claridad para el primer año de su gestión: la aprobación de leyes esenciales para la adecuada administración de justicia, acompañada de designaciones de los mejores bolivianos.
Pero los avances que vemos hoy, no hubiesen podido darse sin que se hayan erigido varios hitos históricos que permitieron la cons | ||||
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trucción de algo que muestra a Bolivia como un ejemplo en el mundo: nuestra democracia pactada.
Esta construcción se inició con el retorno a la democracia de 1982. Pero sólo fue consolidada con el Pacto por la Democracia de 1985, con el cual Hugo Banzer, después de triunfar en las urnas, aceptó el veredicto de este Congreso y tendió la mano a Víctor Paz Estenssoro por el futuro de Bolivia. Así se inició lo que hoy es habitual: acuerdos de gobernabilidad por el bien común, que está por encima de las legítimas y circunstanciales diferencias.
Esta democracia pactada se extendió después de la gobernabilidad coyuntural, a la de largo plazo. Así se dieron las iniciativas plasmadas en los acuerdo de julio de 1992, en la gestión de Jaime Paz Zamora, para reformar la Constitución Política del Estado.
Proceso concluido en 1994, y que dio lugar a la formación de las instituciones que hoy empiezan a funcionar. Cabe resaltar que esta reforma también fue apoyada por los extintos líderes de UCS y CONDEPA, los señores Max Fernández y Carlos Palenque.
Con esos mismos propósitos se suscribió el acuerdo que, en 1996, permitió aprobar la ley de diputaciones uninominales previstas en el Art. 60º de la Constitución Política del Estado, demostrando, en la gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada, que la democracia pactada no sólo permite conformar bloques de gobernabilidad o acordar cambios al sistema político. Sino también poner estos cambios en vigencia, por más traumático que esto resulte.
Hoy están presentes 68 representantes parlamentarios electos en las circunscripciones de la República, como resultado directo de este cambio en la representatividad popular.
En estos casi ocho meses que han transcurrido desde que Hugo Banzer Suárez tomó juramento, como Presidente Constitucional de la República, se han aprobado tres leyes fundamentales en el programa de institucionalidad, que usted señor Presidente, propuso a Bolivia.
Es que al cerrar este siglo, no podemos seguir postergando lo estructuralmente importante por lo coyunturalmente urgente. Tampoco podemos seguir llegando tarde al llamado de la historia y desoír el clamor de los bolivianos que buscan un sistema de respeto y no de abusos, una justicia apegada a leyes sin malsanas influencias. Esto marca otro punto saliente de nuestra democracia pactada.
Reitero, este Congreso Nacional, como nunca, estuvo a la altura del desafío que usted lanzó, señor Presidente. En ocho meses se aprobaron las leyes que manda nuestra Constitución: Defensor del Pueblo, Consejo de la Judicatura y Tribunal Constitucional, aprobaciones demandadas en las conclusiones del Diálogo Nacional, a dos de las cuales hoy se les pone nombres y apellidos.
Así es que dejamos de lado la práctica de cumplir sólo parte de nuestra Constitución, o cumplirla a veces, o por algunos. Con el trabajo de estos meses podemos afirmar que estamos camino a que la Constitución Política del Estado sea cumplida siempre, toda entera y por parte de todos los bolivianos.
El proceso seguido para aprobar las tres leyes mencionadas, estuvo signado por un amplio diálogo entre los tres Poderes del Estado y la sociedad civil.
Se realizaron seminarios en diferentes lugares del país con asistencia y asesoramiento de organizaciones y naciones amigas, así como de participantes internacionales. Varios de ellos están aquí presentes, lo que nos permite hoy, en este Congreso Nacional, agradecerles por su colaboración a este esfuerzo.
Pero el proceso de concertación no terminó con las leyes, solamente comenzó. Para la designación de los cinco bolivianos que acabamos de posesionar, se siguió un procedimiento que seguramente dista de ser perfecto, pero que se hizo con una apertura y transparencia nunca antes vistas.
Empezó con la convocatoria a postulaciones públicas, a través de la prensa nacional. Se presentaron casi 250 candidatos, para las instituciones que hoy empiezan a funcionar. El proceso permitió luego, recibir impugnaciones en general y propugnaciones institucionales.
Todas las postulaciones fueron evaluadas mediante una metodología acordada por unanimidad en la Comisión Mixta de Constitución y Justicia del Congreso Nacional, compuesta por 16 parlamentarios de 7 diferentes tiendas políticas, esta Comisión, y aquí lo destaco hizo un trabajo formidable y ejemplar que merece el reconocimiento de todos.
La Comisión concluyó su evaluación habilitando a 68 postulantes, con cuatro candidatos sobresalientes, a la Defensoría del Pueblo, y | ||||
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a 98, entre ellos ocho sobresalientes, al Consejo de la Judicatura.
Después de un proceso de concertación abierto, que fue la última fase y no, como solía suceder, la única etapa de un proceso cerrado que privilegiaba intereses sectarios, el Congreso procedió a la votación.
El pasado 26 de marzo, la señora Ana María de Campero fue electa, con el voto de casi tres cuartas partes de 135 congresales presentes, como la primera Defensora del Pueblo.
Los doctores Ribero de Cusicanqui, Chávez, Villazón y Paravicini, fueron elegidos con una alta votación entre el 86 y 90% de 123 parlamentarios presentes, como los primeros Consejeros de la Judicatura. El Congreso puede hoy afirmar que votó en contra de prácticas en las que el pueblo conocía a postulantes partidarios casi el mismo día de su posesión.
Dejamos atrás procedimientos obscuros para votar por una nueva forma de elevar nuestra democracia pactada. Cambiamos los impulsos políticos de repartirnos las instituciones, e impulsamos más bien un cambio político de actitud; primero el ciudadano.
Esta es la mejor definición de institucionalidad, hacer no lo que es mejor para un partido político en el corto plazo, sino lo que es mejor para todos los bolivianos en el largo plazo.
Este proceso abierto y transparente, fue impulsado por la sociedad que golpeaba las puertas para la apertura y la institucionalidad.
Pero estoy convencido que debemos reconocer el mérito del gobierno de Banzer que, contando con la llave que significa tener más de dos tercios del Congreso Nacional, la usó, no para bloquear ni acaparar, sino para abrir las puertas de la institucionalidad y de la concertación con la sociedad civil y la oposición. Por eso, lo que hemos hecho valoriza más aún nuestra democracia pactada.
Algunos señalan que el proceso fue político, como si esto fuese denigrante, es inaceptable una interpretación semejante. Cualquier proceso congresal para aprobar leyes que están previstas en la Constitución Política del Estado es, en esencia, una acción política.
Ante ello podemos asegurar, y con orgullo, que este Congreso está haciendo política de altura, como la que significa aprobar disposiciones trascendentales y dar posesión hoy a estos dignos bolivianos, es indudable que la importancia de este proceso se verá con el tiempo.
Antes de que la Defensora del Pueblo se vea atiborrada de requerimientos, es bueno recordar que tiene un período para preparar su institución. Después de casi 180 años de vida republicana, es justo -y la ley así lo establece- que otorguemos a la señora de Campero 180 días para empezar a funcionar plenamente.
El Consejo de la Judicatura también requerirá de tiempo para su instalación. Lo importante, sin embargo, es que ingresemos al Siglo XXI, con estas dos instituciones, en pleno funcionamiento y cumpliendo su honroso papel; instituciones con las que podremos esperar que reine la Justicia sin influencias políticas o económicas. El desafío es grande, las expectativas también.
La oportunidad que tienen en sus manos los ciudadanos hoy posesionados es incomparable. Se dice que las personas tienen sólo una oportunidad de causar una buena primera impresión. Los que sucedan a los hoy posesionados, dentro de 5 o 10 años, tendrán la misma función, pero sin esta oportunidad de oro de hacer camino sin huellas que seguir.
Ustedes, Defensora y Consejeros, sólo se podrán guiar por la brújula de la ley y su conciencia. Bolivia podrá en el futuro celebrar esta fecha como un hito, a partir del cual nunca más se trate al pobre como delincuente por el solo hecho de carecer de recursos o influencia. Que la justicia alcance a todos por igual.
Señor Presidente de la República, usted está conduciendo nuestro país hacia el próximo milenio. Y será el desempeño de los bolivianos que hoy juran a sus cargos, el que determine si este fue un paso más en una larga noche de injusticias, o será más bien, como todos esperamos, el amanecer de ese nuevo día que nos llene de orgullo, los próximos mil años.
Unas palabras sobre la flamante Defensora del Pueblo. A muchos bolivianos, entre los que me incluyo, nos honra el cargo que desempeñamos. Usted, doña Ana María Romero de Campero, concita respeto y la coincidencia general de que es de esa clase de personas que hacen que su cargo se vea honrado al usted asumirlo. | ||||
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Es verdad que se presentaron muchos y muy buenos postulantes, agradecemos su participación, y estoy seguro que nos acompañan en el deseo de que el éxito corone la misión de nuestra Defensora del Pueblo.
En todo este proceso se prestó menos atención a los postulantes al Consejo de la Judicatura. Sin embargo, estos cuatro consejeros tienen desde hoy una importantísima labor.
Junto al Presidente de la Corte Suprema, tienen la responsabilidad administrativa de la justicia boliviana, así como la delicada tarea de proponer las nóminas y revisar la labor de los Jueces de diferentes estrados judiciales.
Los doctores Ribero de Cusicanqui, Chávez, Villazón y Paravicini constituyen un equipo regionalmente diverso, y con amplia experiencia en el área judicial, de ministerio público, ejercicio profesional privado, gremial y de sistematización informática en nuestra justicia.
Es digno destacar que hoy posesionamos a tres mujeres en estos importantes cargos. Como padre de tres mujercitas, felicito especialmente a ustedes que se constituyen en un nuevo y renovado paradigma para las mujeres del próximo siglo.
Al final de todo proceso quedan siempre voces disonantes, que nunca quedan conformes. Siempre habrá gente que preferirá decir: «yo me opongo», en lugar de: «yo propongo».
Siempre quedarán aquellos que prefieren destruir a construir, es siempre más llamativa, pero menos importante, la gente que protesta, que la gente que discute y acepta una propuesta.
Sólo es posible seguir construyendo nuestra democracia pactada cuando bolivianos en riberas opuestas de un río escogen, como lo hemos hecho ahora, no ahogarse en el agua que nos divide, sino tender puentes que nos permitan transitar en la búsqueda del bien común.
Deseo cerrar, contando algo que escuché de un importante personaje mundial hace poco tiempo. Tres personas conversaban preguntándose cómo se puede determinar el momento exacto en que termina la noche y empieza el día.
La primera decía que ese instante se produce cuando desde 20 metros se puede distinguir entre una oveja y una cabra.
La segunda afirmaba que no era así, que más bien el instante preciso en que se pasa de la oscuridad a la claridad es cuando, desde 30 metros, se puede distinguir entre un árbol de manzanas y otro de naranjas.
La tercera persona señalaba que ninguno de los dos tenía razón.
Y permítanme adaptar lo que decía a nuestras circunstancias, particularmente las de hoy. Esta tercera persona afirmaba que el instante de transición se produce cuando se puede, en forma abierta y transparente, sin distinción ni discriminación de género, región o afinidad, seleccionar a cinco personas para que se acaben los abusos y la partidización de la judicatura.
Es tan solo en ese preciso momento que, para la justicia boliviana, la noche habrá terminado y el nuevo día empezará. Deseo fervientemente que éste sea el amanecer de un nuevo y eterno día, para los derechos ciudadanos y la modernización judicial.
H. PRESIDENTE NATO DEL CONGRESO.- A continuación vamos hacer entrega de los títulos que acreditan a los ciudadanos que acaban de tomar posesión como Defensora del Pueblo y Consejeros de la Judicatura.
(se procede a la entrega de los títulos)
H. PRESIDENTE NATO DEL CONGRESO.- Habiendo entregado los títulos, vamos a cerrar la parte solemne de este acto de posesión en primera instancia voy a pedir nuevamente a los Presidentes de las Comisiones de Constitución e integrantes de la misma, se sirvan acompañar al señor Presidente de la República, a quien agradecemos profundamente su presencia en este transcendental acto, sabemos que es solamente usual que se haga presente un 6 de agosto, pero le agradecemos el haber estado acá en este muy importante acto. Muchas gracias señor Presidente.
Voy a pedir al Senador Secretario, que también se sirva acompañar al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, a quien también agradecemos por su presencia en este solemne acto, la misma ha realzado este evento y ha sido importante por que él, es integrante del Consejo de la Judicatura. Muchas gracias señor Presidente de la Corte Suprema. | ||||
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Diputado Secretario, por favor se sirva acompañar a los flamantes y recientemente posesionados: Defensora del Pueblo y Consejeros de la Judicatura, a quien este día especial despedimos con un cerrado aplauso.
El último punto en la Agenda, es la Clausura de las Sesiones Ordinarias de la legislatura 97-98, damos por clausurado este Congreso en sus Sesiones Ordinarias y agradecemos la presencia de todos los invitados, de autoridades militares, policiales, Ministros, la Iglesia, la Corte Electoral, Judiciales y particular y sentidamente quiero agradecer a los que me han precedido en este cargo a los señores ex Vicepresidentes de la República y a los tres ex Presidentes que nos han honrado hoy con su presencia, les agradezco profundamente a nombre del Congreso y pido a todos despidamos con un fuerte aplauso a los ex Presidentes de la República.
Agradezco mucho a todos la presencia acá, cerramos las Sesiones Ordinarias. Muchas gracias.
Se suspende la Sesión a Horas: 7:00. | ||||
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